Homilía2014

Visita pastoral a la parroquia romana «San Giuseppe all'Aurelio» (14 de diciembre de 2014)

Visita pastoral del Santo Padre Francisco a la parroquia romana «San Giuseppe all'Aurelio», 14 de diciembre de 2014

El apóstol san Pablo dice a los Tesalonicenses: «Hermanos, estad siempre alegres». ¿Y cómo puedo estar alegre? Él dice: «Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión». La alegría cristiana la encontramos en la oración, viene de la oración y también de la acción de gracias a Dios: «Gracias, Señor, por tantas cosas hermosas». Pero hay personas que no saben agradecer a Dios: buscan siempre algo para lamentarse. Yo conocía a una religiosa —lejos de aquí—, esta hermana era buena, trabajaba... pero su vida era lamentarse, lamentarse por muchas cosas que sucedían.... En el convento la llamaban «hermana Lamento», se comprende. Pero un cristiano no puede vivir así, siempre buscando lamentarse: «Aquel tiene algo que yo no tengo, aquel... ¿Has visto lo que sucedió?...». ¡Esto no es cristiano! Y hace mal encontrar cristianos con la cara amargada, con esa cara inquieta de la amargura, que no está en paz. Nunca, nunca un santo o una santa tuvo la cara fúnebre, ¡nunca! Los santos tienen siempre el rostro de la alegría. O al menos, en los sufrimientos, un rostro de paz. El sufrimiento máximo, el martirio de Jesús: Él tenía un rostro de paz y se preocupaba de los demás: de la madre, de Juan, del ladrón... se preocupaba de los demás.

Para tener esta alegría cristiana, primero, rezar; segundo, dar gracias. ¿Y cómo hago para dar gracias? Recuerda tu vida, y piensa en las muchas cosas buenas que te dio la vida: muchas. «Sí, Padre, es verdad, pero yo recibí muchas cosas malas». —«Sí, es verdad, sucede a todos. Pero piensa en las cosas buenas». —«Yo tuve una familia cristiana, padres cristianos, gracias a Dios tengo un trabajo, mi familia no pasa hambre, estamos todos sanos...». No lo sé, muchas cosas, y dar gracias al Señor por esto. Y ello nos acostumbra a la alegría. Rezar, dar gracias...

Y luego, la primera lectura nos sugiere otra dimensión que nos ayudará a tener alegría: se trata de llevar a los demás la buena noticia. Nosotros somos cristianos. «Cristianos» viene de «Cristo», y «Cristo» significa «ungido». Y nosotros somos «ungidos»: el Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha consagrado con la unción. Nosotros somos ungidos: cristianos quiere decir «ungidos». ¿Y por qué somos ungidos? ¿Con qué fin? «Me envió para dar la buena noticia», ¿a quién? «A los pobres», «para curar los corazones desgarrados, proclamar la amnistía a los cautivos y a los prisioneros la libertad; para proclamar un año de gracia del Señor» (cf. Is 61, 1-2). Esta es la vocación de Cristo y también la vocación de los cristianos. Ir al encuentro de los demás, de quienes pasan necesidad, tanto necesidades materiales como espirituales... Hay mucha gente que sufre angustia por problemas familiares... Llevar paz allí, llevar la unción de Jesús, ese óleo de Jesús que hace tanto bien y consuela a las almas.

Así, pues, para tener esta alegría en la preparación de la Navidad, primero, rezar: «Señor, que yo viva esta Navidad con la verdadera alegría». No con la alegría del consumismo que nos conduce a todos al 24 de diciembre con ansiedad, porque: «Ah, me falta esto, me falta aquello...». No, esta no es la alegría de Dios. Rezar. Segundo: dar gracias al Señor por las cosas buenas que nos ha regalado. Tercero, pensar cómo puedo ir al encuentro de los demás, de quienes atraviesan dificultades, problemas —pensemos en los enfermos, en tantos problemas—, en llevar un poco de unción, de paz, de alegría. Esta es la alegría del cristiano. ¿De acuerdo? Faltan sólo quince días, algo menos: trece días. En estos días, recemos. Pero no lo olvidéis: recemos pidiendo la alegría de la Navidad. Demos gracias a Dios por las muchas cosas que nos ha dado, primero de todo la fe. Esta es una gracia grande. Tercero, pensemos dónde puedo ir yo a llevar un poco de alivio, de paz a quienes sufren. Oración, acción de gracias y ayuda a los demás. Y así llegaremos al Nacimiento del Ungido, del Cristo, ungidos de gracia, de oración, de acción de gracias y ayuda a los demás.

Que la Virgen nos acompañe en este camino hacia la Navidad. Pero ¡la alegría, la alegría!

Fuente original

vatican.va